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Cesárea y primer aviso

El parto si que fue difícil, ya que no dilaté.

Después de casi 24 horas con contracciones muy dolorosas, decidieron hacerme la cesárea. El monitor no registraba los latidos del niño, por lo que no se sabía realmente el estado en el que se encontraba Sergio.

Y tampoco se puede estar tanto tiempo con la bolsa rota por riesgo de infección.

No quiero extenderme mucho en esta parte.

Sergio nació por cesárea a las 00:02 del 23 de febrero del 2014.

Cuando lo sacaron y mientras lo estaban limpiando y a mi me cosían, me fijé en que lo observaban con bastante atención y cuchicheaban entre ellos.

Pregunté si ocurría algo y me dijeron que no, por lo que con lo agotada que estaba y las ganas de que me lo dieran ya, no le di muchas vueltas.

Realmente no era un "niño bonito", de los que se suelen tener cuando el parto es por cesárea y no hay paso a través del canal de parto.

Pero para mi era precioso. Le traían con el gorrito que le ponen a todos los recién nacidos, así que no le vimos nada extraño.

El test de Apgar dio 10.

¡El primer sobresaliente de mi niño!

La noche pasó muy rápido y por la mañana, vinieron unos pediatras a hablar con nosotros.

Estaban bastante preocupados. El niño presentaba características físicas compatibles con varios síndromes, aunque no sabían decirnos exactamente cual.

Le quitaron el gorrito y vimos que tenía las orejas "raras".

Una estaba plegada, como en una especie de triángulo. La otra estaba pegada completamente a la cabeza. Y era finita como el papel.

Nos sorprendimos bastante, porque yo nunca vi algo así.

También tenía la boca "demasiado pequeña".

Sabiendo lo que sé ahora, que casi tengo un máster de tanto como he leído sobre rasgos dismórficos, sé que ellos vieron algo, pero no sabían debido a qué.

Supongo que pensarían que ya daría la cara lo que fuera que tuviera, como así ha sido.

Esa mañana, la cosa se empezó a complicar.

Sergio empezó a respirar muy rápido. Y estaba taquicárdico.

Tanto el ritmo de la respiración como el de sus latidos iban al doble que los de cualquier recién nacido.

Eso ya si que preocupó mucho a los médicos.

Empezaron a hacerle pruebas, analíticas, radiografías de tórax...

Los análisis indicaban que tenía los glóbulos blancos por las nubes, el azúcar se le bajaba y se le subía sin sentido.

Le pincharon 22 veces en solo tres días.

Apenas veíamos al niño, siempre se lo estaban llevando de un lado a otro, para hacerle cosas.

Además no nos dejaban ir con ellos.

Y nadie nos decía nada de lo que le podía pasar.

Los pocos ratitos que podíamos estar con él, se los pasaba llorando, muy fuerte.

Y al mismo tiempo que él lloraba, lloraba yo.

Esos días no quise coger el teléfono a los amigos y familiares que llamaban para felicitarnos.

¿Felicitar el qué? ¡Si no sé lo que le pasa a mi niño!

No quería visitas, no quería nada. Solo saber qué le pasaba.

Los pediatras del primer día ya no volvieron a venir.

Si que venía una pediatra, por mediación de una enfermera que trabajaba en ese hospital y que fue amiga mía del cole.

Ella le revisaba con mucho cariño y nos dijo lo mismo, pero con más empatía.

Que sus rasgos indicaban algún síndrome, que para saber cual era, había que hacer un cariotipo.

En esos días, vino mi hijo mayor a conocer a su hermano.

Fue un momento precioso.

Ver a Rubén, mirando con tanto amor a su hermano, mientras susurraba "Qué bonito es, qué bonito es"... fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida.

Sentí mucho miedo también. Miedo a que a Sergio le ocurriera algo grave.

Rubén iba a sufrir mucho si le pasaba algo a su hermano.

De pronto y progresivamente, a Sergio se le fueron poniendo bien las orejas.

Seguían estando implantadas demasiado bajas, pero al menos ya no tenían esa forma tan peculiar.

Perdió muchísimo peso.

Pero porque nació con retención de líquidos, ya que no se veía más delgado, sino deshinchado.

Poco a poco su respiración y los latidos se fueron normalizando.

Y de un día para otro, las analíticas dieron bien.

No sabemos qué pasó.

Por qué, de tener tantos problemas, pasó a ser dado de alta como un niño completamente sano y normal.

No me lo explico.

El caso es que nos marchamos a casa superfelices.

Nuestras perritas también esperaban al nuevo miembro de la manada...

Se asomaron a conocerle, nerviosas y expectantes...

Habían sido unos días horribles, pero ya teníamos completa nuestra familia.

Solo queríamos olvidar todos los malos ratos y disfrutar de ese regalo tan precioso que de nuevo, nos concedía la vida.

Duró poco la tranquilidad.

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© 2015 Caminando junto a Sergio

 

 

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