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¿Que no es nada?

Continuamos...


El dermatólogo lo miró por todos sitios.

Le llamó mucho la atención la distribución de las manchas.

No eran al "tun tun", sino que seguían un patrón.

El de las líneas de Blashko.


Estas líneas las tenemos todos, pero en condiciones normales, son invisibles.


Cuando algo falla, se ven, porque son más oscuras o más claras, que la piel normal.

Si son más claras que la piel normal, la enfermedad se llama Hipomelanosis de Ito. Si son más oscuras, Hipermelanosis Nevoide Lineal y Espirilada.




Pero esto lo descubriríamos bastante más tarde, ya que como os comento, ni el dermatólogo ni el pediatra que veía a Sergio cada mes, le dieron importancia.

Solo nos indicó echar mucha crema con protección solar.

Y que estuviéramos atentos por si salía algo más.

Lo diagnosticaron como una mala pigmentación.


Allá por mayo, tuve un accidente laboral y tuve que pasar por el quirófano para que me pusieran un par de tornillos en la rodilla.


Pasé de apenas estar en casa por el trabajo, a estar todo el día en el sofá.

Y ahí es que empecé "a ver cosas" que no eran normales.


Sergio no atendía a su nombre cuando lo llamábamos, no imitaba, no decía adiós con la mano, no usaba los juguetes con imaginación (solo los mordía), no hacía torres (las destruía), no apilaba bloques, no miraba a los ojos, tenía rabietas sin saber muy bien por qué, le daban arcadas las texturas diferentes (gusanitos, helado, etc), le daba asco el pelo, ya fuera el mío o el de las perras, hacía aspavientos con las manos.

Aún no se ponía de pie y dejó de balbucear.


Buscando en google llegué a foros y a consultas de otras mamás a las que les pasaba lo mismo con sus hijos.


Y la palabra más escrita por todas ellas era AUTISMO, Trastorno del Espectro Autista, TEA...


Bastante asustada y viendo que Sergio cumplía todos los requisitos para tenerlo, pedimos cita con una neuróloga.


Tal y como entramos por la puerta y lo vio, si que le dio importancia a las manchitas.

También al retraso en su desarrollo, pero según nos dijo, aún era muy pequeño para diagnosticar nada.

Había que apuntarlo a terapias en Atención Temprana y sobretodo, hacerle una resonancia magnética craneal.


Salimos de la consulta muy angustiados.

Buscamos un centro que nos cubriera las terapias, ya que no tenemos Seguridad Social, sino que por mi profesión, los niños y yo tenemos ISFAS.

Fue un poco complicado, pero lo encontramos.


Lo llevamos a que lo evaluaran y la terapeuta nos dijo que más bien parecía un retraso madurativo, pero que el TEA tampoco podía descartarse.


Había que trabajar con él y más adelante se vería según su evolución.


Pasamos regular el verano. A pesar de lo que decía la terapeuta, yo seguía viéndole "cosas".

Y además en terapia avanzaba muy lento.

En agosto, el día 28, le hicieron la resonancia.


Tuvieron que sedarle, porque es muy pequeño.

No pudieron ponerle contraste porque no le encontraban las venas.


Después de dos horas, lo sacaron y lo llevaron a la sala de despertar.






Y yo hice lo peor que se debe hacer en estos casos.

Preguntarle a la radióloga qué tal había ido.


Ahí comenzó la verdadera pesadilla.

Nos dijo que habían salido algunas anomalías en su cerebro y que había que estudiarlas.



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© 2015 Caminando junto a Sergio

 

 

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